jueves, 26 de diciembre de 2019

¿Por qué el Espiritismo nos consuela?

Nuestra compañera Pilar Arellano nos regaló el pasado viernes 13 de diciembre una magnífica conferencia con el título que encabeza este artículo. Lamentablemente, no fue grabada por lo que no os la puedo ofrecer. Lo que sí puedo es hacer un breve -muy breve- resumen de la misma y animaros a que busquéis las fuentes en que se basó. Sólo entonces, tras repasarlas y reflexionarlas, comprenderemos por qué el Espiritismo nos consuela.

Consolar... pero ¿consolar, de qué? Pues, sin duda, de nuestros propios errores que cometimos en vidas pasadas y que, como una mochila llena de piedras, portamos en la vida presente y que, si no sabemos -o no queremos, ¡atención!- descargarla, supondrá un pesado lastre en nuestro día a día. Contamos con las enseñanzas de los grandes maestros para rectificar, encauzar nuestra inteligencia, emociones y sentimientos hacia un progreso espiritual decidido.

¿Y cuáles son las enseñanzas de los grandes maestros? De una forma misteriosa, prácticamente todos los maestros con que hemos contado en este planeta coinciden en esbozar la Ley Divina (cada uno en su idioma y en su estilo). Lo cierto es que la Tercera Revelación (la del espiritismo) nos ofrece un compendio que fue codificado por Allan Kardec. Es así como, en el Libro Tercero del Libro de los Espíritus se nos recuerdan las leyes que configuran la Ley Divina o Ley Natural:

- Ley de Adoración.
- Ley del Trabajo.
- Ley de Reproducción.
- Ley de Conservación.
- Ley de Destrucción.
- Ley de Sociedad.
- Ley del Progreso.
- Ley de Igualdad.
- Ley de Libertad.
- Ley de Justicia, Amor y Caridad.
- Ley de Perfección Moral.

(Confróntese los capítulos I - XII del supracitado Libro Tercero del Libro de los Espíritus)

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