viernes, 2 de noviembre de 2018

¿Y si escucho ruidos en mi casa?


 Nos dice el capítulo V del Libro de los Mediums de Allan Kardec que "de todas las minfestaciones espiritistas, las más sencillas y las más frecuentes son los ruidos y los golpes; aquí es, sobre todo, donde es preciso temer a la ilusión, porque una porción de causas naturales pueden producirlos: el viento que silva o que agita un objeto, un cuerpo que se mueve por sí mismo sin apercibirse, un efecto acústico, un animal oculto, un insecto, etc. (...)" (Ver punto 83 de dicho capítulo).

En consecuencia, Kardec nos sugiere que, ante cualquier sonido no habitual acudamos primero a un análisis lógico y racional. Es algo básico. No debemos, por tanto, fliparnos cuando escuchamos en casa crujidos, o se enciende sola la televisión o se escuchan pasos en el piso de arriba, que suponemos vacío. Y en los centros espíritas, por regla general, nunca falta alguna flipada y algún flipado.

Y es que una casa, un edificio, es casi un ser vivo y es natural escuchar ruidos y crujidos. Vivo en el centro de Madrid en una casa antigua construida en 1850. En el sótano hay una de esas galerías construidas en la Edad Media que comunicaban con el antiguo Alcázar y por donde circulan corrientes de aire y, en algunos tramos, ríos subterráneos de los que tanto abundan en Madrid. Es natural que el edifico tenga reasentamientos, quejidos, salgan pequeñas grietas y cambios de temperatura y humedad. Pero no sólo en nuestra casa; cualquier casa moderna "se mueve". Los arquitectos saben que un edificio nuevo tiene un periódo de entre 10 y 15 años para asentarse y reajustarse, con los consiguientes ruiditos, grietas y sonidos varios.

Pero no sólo eso. Tenemos en Madrid un clima continental caracterizado por altas temperaturas en verano y mucho frío en invierno. El impacto que esos cambios tiene en la madera, metales y cementos produce continuas contracciones y expansiones que, por supuesto, "suenan".

¿Se le enciende sola la televisión? ¡Señora! ¿No ha pensado que, tal vez, el mando a distancia de su vecino interacciona con su propio aparato o su propio mando a distancia?

¿Oye pasos en el piso de arriba, y sabe que lleva vacío desde la Guerra Civil? ¡Vecina! Piense que, en el silencio de la noche, los sonidos pueden transmitirse desde decenas de metros.

 Pero, ¡por Dios bendito! no nos venga a fastidiar al centro espírita con los ruidos de su casa sólo porque quiera tener su minuto de protagonismo colocándonos su "momento-testimonio". ¡Se lo pedimos por caridad!

Y, con todo, supongamos que en última, en ultimísima instancia, hay un espíritu en su casa que quiere ponerse en contacto con usted. (Cosa que, por cierto, me parece curioso que venga cuatro veces a la semana al centro espírita y no se pongan en comunicación cuando hay una buena ocasión y tenga que ser en su casa; pero bueno...supongamos que así es) ¿No tiene usted, señora, ya el suficiente conocimiento para ponerse en contacto con el espíritu y decirle mentalmente "hermano, qué quiere usted, en qué puedo ayudarle"? Digo, no me parece de recibo tener el espíritu en su casa dando golpecitos ¡¡con el esfuerzo energético que ello le debe suponer!! cuando usted, señora, puede recibir el mensaje cómoda y mentalmente. Digo yo, vamos.

Continúa Allan Kardec (punto 85) comentando que "hemos dicho que las manifestaciones físicas tienen por objeto llamar nuestra atención sobre alguna cosa y convencernos de la presencia de una potencia superior al hombre. Hemos dicho también qu elos Espíritus elevados no se ocupan de esta clase de manifestaciones; se sirven de los Espíritus inferiores para producirlas (...) Conseguido el objeto, la manifestación material cesa, porque ya no es necesaria".

Las conclusiones salen solas.

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