lunes, 12 de noviembre de 2018

El fenómeno de las mesas giratorias

Tras los acontecimientos de Hydesville que protagonizaron las hermanas Fox y que hemos relatado en nuestro anterior post, debemos ahora analizar el fenómeno de las mesas giratorias. ¿Por qué? Pues porque estos hechos fueron fenoménicos, es decir, atrajeron a muchas personas por el espectáculo e hicieron que se corriera la voz hasta convertirse en un trending topic, que diríamos hoy. En paralelo, por supuesto, surgieron muchos, muchísimos, falsos espiritistas que, con ánimo de ganar un dinero o fama personal -que para el caso es lo mismo- se dedicaron a defraudar y engañar a quienes, con sana curiosidad se acercaban a esos hechos. Y, digo, esto es muy importante, porque más adelante investigadores serios se empeñarían en conocer la verdad convirtiéndose, ante las evidencias, en importantes divulgadores espíritas. Estoy hablando, por supuesto, de Allan Kardec.

Pero volvamos al tema de las mesas giratorias, pues fue uno de los fenómenos más simples y de los primeros en ser observados. En realidad, no consiste en otra cosa que una mesita redonda
con una base de tres patas, alrededor de la cual se juntaban las personas, que colocaban las manos sobre la superficie de la mesa, la cual se movía, giraba o se sostenía sobre dos patas para responder a las preguntas formuladas mediante un sistema de golpes ocasionados por la tercera pata. De ahí que se las llamara también "mesas parlantes" y, al fenómeno "danza de las mesas" En la introducción al Libro de los Espíritus, párrafo III, nos apunta Kardec que estas manifestaciones fueron así llamadas por primera vez en el libro de Anna Blackwell "The spirit's book", publicado en Londres y Boston en 1875, denominándolas "table-turning" en inglés o "danse des tables", en francés.

Por cierto que también en Madrid tuvimos estos espectáculos en 1853. Véase el excelente artículo publicado por Eduardo Valero García bajo el título "la mesa giratoria y espiritismo en las calles de Madrid" en su blog "Historia Urbana de Madrid" y que podéis consultar pinchando aquí.

Los experimentos continuaron y se sofisticaron: se hacía a las mesas girar, pero también bailaban, levitaban y respondían a las preguntas que se les hacía. Primero, respondiendo “sí” o “no” con uno o dos golpes en el suelo con una pata. Después, utilizando códigos cada vez más complejos “las mesas” empezaron a mandar mensajes a través de los golpes. Uno de los sistemas era el de Post, mediante el que se recitaba un alfabeto y la mesa golpeaba el suelo al llegar a la letra deseada. Para intentar mejorar este sistema, se inventó el “psicógrafo”. Consistía en un tablero con las letras del alfabeto pintado, sobre el que se movía un puntero por encima del tablero hasta que se oía el golpe de la pata de la mesa para señalar una letra.

Hoy día podemos preguntarnos el motivo de estos métodos tan lentos y farragosos. Incluso, los que acudimos casi semanalmente a reuniones en torno a una mesa mediúmnica y somos testigos de cómo un médium entra en trance, es incorporado por un espíritu y manifiesta un determinado mensaje mucho más allá del conocimiento del médium, no podemos por menos que sonreírnos al leer estos episodios de las mesas giratorios. Sin embargo, como siempre que se estudia la historia, debemos de ponernos en el lugar de los protagonistas. De alguna manera el espiritismo tenía que irrumpir de una forma indubitada. Si lo hubiera hecho mediante mediums nadie les habría creído argumentando que era un fenómeno fraudulento ya desde su origen.

Sea como fuere, las mesas giratorias siempre representarán el punto de partida de la doctrina espírita y es por eso que les dedicamos estas explicaciones. Por otro lado, es de reseñar que empiezan a surgir dos grupos de personas: las que se aproximan al espiritismo por el simple fenómeno y se quedan en lo extraordinario, en lo fenoménico, en los golpes y mesas que giran ¡oooohhh! y, un segundo grupo, que, por encima del espectáculo, indaga las causas y consecuencias, reflexiona, se pregunta sobre los porqués, investiga si hay algo inteligente... en esta línea se situará Allan Kardec.

Y, esos dos grupos de personas, aún existen hoy día. Unos acuden a los centros espíritas por el espectáculo, para ver qué les dicen los espíritus, haciéndoles preguntas que, en realidad, se las deberían hacer a sí mismos. Son personas mistificadas y carne de cañon de mediocres programas de televisión y periodistas fanáticos de un misterio que no existe más que en sus cuentas bancarias. Otros acuden para aprender y progresar en su camino espiritual personal con intención de ser mejores personas y más libres; normalmente pasan desapercibidos, hablan poco y escuchan mucho sabiendo que el progreso espiritual es, ante todo, individual.

2 comentarios:

  1. Estimado Víctor, excelente artículo sobre las mesas giratorias. Aprovecho para agradecerte la cita y enlace a mi artículo de Historia urbana de Madrid. Un cordial saludo y feliz 2019!

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    1. Gracias a ti, Eduardo, por tu amable comentario, del que me siento honrado. Igualmente, Feliz 2019!!

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