lunes, 19 de noviembre de 2018

Carácter de la revelación espírita


Una vez comprendido que la labor de Allan Kardec fue meramente la de codificar la doctrina espírita podemos ahora profundizar en el carácter de la revelación espírita. Con este título se publicó una obrita que podéis encontrar aquí, ya que alguna edición lo ha publicado así, independiente, o bien en el capítulo primero de su libro La Génesis,. Es el material que voy a usar para este desarrollo.

Se nos recuerda que el término "revelar" viene del latín "re-velare" es decir, retirar el velo pero ¿el velo de qué? Pues el velo de un conocimiento que permanecía oculto y al que el ser humano no tenía acceso con sus facultades científicas o intelectuales. Por eso se nos revela con ayuda de la elevada espiritualidad y, así, si es una revelación auténtica, una cacterística esencial es que sea "verdad" y, si estamos hablando de revelación divina, entonces el corolario es que sea una "verdad eterna".

Del espiritismo se dice que constituye la "tercera revelación" habiendo sido las otras dos la de Moisés, en primer lugar, que reveló a un Dios único y una moralidad basada en el Derecho Natural contenido en las Tablas de la Ley, como medio de acceder a él. La segunda fue la del maestro Jesús, que nos transmitió la Ley suprema del amor como pauta de comportamiento. Así las cosas, ¿qué puede aportar el espiritismo que no hayan ya aportado esos dos elevados espíritus -Moisés y Jesús-? Bien, el espiritismo moderno, que nos llega en un momento histórico en que el progreso humano le ha dotado de un elevado sentido del racionalismo científico, y madurez intelectual, lo que hace es completar, a esa idea vaga de la vida futura, una revelación de la existencia de un mundo invisible que nos rodea, puebla el espacio, y con el que podemos entrar en comunicación, de una forma natural, para beneficio recíproco.

Además los espíritus enseñan sólamente lo que es necesario para guiar al hombre y a la mujer por el camino de la verdad pero se abstienen de revelar lo que el ser humano puede descubrir por sí mismo, dejándole la inquietud de discurrir, comprobar y someter todo a la demostración de la razón. No menoscaba, por tanto, la dignidad del ser humano que le permite avanzar por el camino intelectual, de las artes y de la reflexión filosófica.

 Un punto muy importante, a mi parecer, es que mientras las dos primeras revelaciones estuvieron personificadas en las figuras de, respectivamente, Moisés y Jesús, la revelación espírita no está personificada en nadie, sino que es colectiva. ¿Qué quiere decir ésto? Pues que los cinco libros de la  codificación de Allan Kardec forman parte de la revelación espírita pero también el resto de los libros y documentos obtenidos mediante mediumnidad, sea donde fuere y sea cuando fuere que se recibieron. Así, los libros psicografiados por Chico Xavier o Divaldo Franco, entre otros, son revelación espírita, pero también lo es las comunicaciones que se reciben en la mesa mediúmnica de cualquier centro espírita serio.La revelación espírita no está cerrada y continúa recibiéndose. De ahí la gran responsabilidad que supone para los espíritas en formarse bien, en trabajar seriamente y con la misma vocación de Allan Kardec de servicio a los demás de una forma gratuita y desinteresada. Quedan, pues, al margen de la revelación espírita esos/as "médiums de bola de cristal y lector de tarjeta de crédito" que tanto abundan, y esos médiums que hacen de sus facultades un medio de obtención de fama personal mediática en dudosos programas de televisión y radio que tratan del "misterio".

Remarcar, ya para terminar, que por la razón de apoyarse en hechos la revelación espírita, tiene que ser esencialmente progresiva como lo son, en realidad, todas las ciencias de observación. Doble es, pues, el carácter de la revelación espírita: es divina y es científica. Divina en cuanto que proviene de la iniciativa de los espíritus elevados. Científica en cuanto que su elaboración es fruto del trabajo del hombre, sin pretensión alguna de infalibilidad ni de inmovilización.

Para saber más:

- Allan Kardec, La Génesis, capítulo 1, especialmente los items 2, 3, 4, 5, 13, 30, 31, 54 y 55.
- León Denis, La Nueva Revelación. La Doctrina de los Espíritus (en su obra "Cristianismo y Espiritismo".

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