viernes, 16 de noviembre de 2018

Allan Kardec, codificador de la doctrina espírita


El número 5 de la Revista Espírita, publicado en mayo de 1869, contiene un artículo dedicado a la biografía de Allan Kardec -dos meses depués, por tanto, de su desencarnación- que ofrece datos muy interesantes adicionales a las biografías más comúnmente leídas. De entrada, nos muestra una forma de ser muy inspiradora: "vocación de servir a los demás". Por encima de sus dotes intelectuales, que las tuvo, por encima de su espíritu científico, que lo tuvo, por encima de su capacidad de trabajo y entrega a la misión que fue poco a poco descubriendo, estuvo esa vocación de servicio. Y, sin ella, nada de lo demás habría tenido sentido; sin ella, habría sido uno más. Vocación de servir a los demás.

Nacido en Lyon en 1804, sus padres le enviaron a estudiar a Suiza (no demasiado lejos, unos 230 km separan Lyon de Yberdon-les-Bains) en la Escuela de Pestalozzi. Este dato es importante.

Pestalozzi había sido un pedagogo y educador de la época de la ilustración  que desarrolló un método de aprendizaje moderno basado en la el desarrollo de la intuición intelectual y del racionalismo. Sin duda, que este método influyó en Hippolyte Léon Denizard Rivail, que así era el nombre de nacimiento de Kardec, hasta el punto de convertirse él mismo en docente, ya de vuelta a Francia, y de publicar numerosos libros de desarrollo y actualización del método de Pestalozzi. Tal método también influiría posteriormente en sus investigaciones sobre espiritismo.

En 1854, y como hemos comentado en nuestro anterior post, toda Francia vibraba con las noticias de las mesas giratorias o mesas parlantes. Unos hablaban maravillas y otros, la prensa y los sectores intelectuales, las denostaban. Así las cosas, nuestro Hippolyte oyó hablar de la cuestión a su amigo, Mr. Fortier, investigador a su vez del magnetismo. Hippolyte se mostró escéptico, pero no intransigente, y para considerar el tema exigió más pruebas ante las que, atónito al principio -hemos de suponer-, se inclinó a una observación más profunda de los fenómenos.

Así las cosas, y dado su interés en los hechos, sería invitado a asistir a una sesión en casa de Mme. Roger, médium sonámbula, más adelante en la de Mme. Plainemaison y en la de la familia Baudin, recibiendo abundantes mensajes a través de la capacidad mediúmnica de las jóvenes Caroline y Julie. Podéis leer esta etapa y muchos de esos mensajes en el libro "Obras Póstumas" del propio Allan Kardec.

E Hippolyte asistía, escuchaba, reflexionaba, tamizaba con la razón, se preguntaba, se cuestionaba... ¿sí o no? ¿verdad o fraude? ¿una inteligencia exterior o la mera capacidad mental del "médium"? ¿un fenómeno natural tipo magnetismo o seres incorpóreos? Son, podemos suponer, las preguntas que este librepensador se haría... las mismas preguntas que nos hacemos -o nos deberíamos hacer- todos los estudiantes de espiritismo.

Hippolyte llegaría así a la conclusión de que esas comunicaciones eran, efectivamente, manifestaciones inteligentes producidas por los espíritus de hombres y mujeres cuyo cuerpo físico había fallecido. Fue así que se decidió a examinar una voluminosa colección de escritos psicográficos -hasta cincuenta cuadernos- proporcionados por varios amigos espiritistas interesados en su juicio (los señores Carlotti, René Taillandier, Tiedeman-Manthese, Sardou y Didier -se nombran porque no eran precisamente personas crédulas, o sin conocimientos ni ilustración-) y empezó a asistir con regularidad a sesiones, preparado siempre con una serie de preguntas que le eran respondidas de «manera precisa, profunda y lógica». Hippolyte, rendido ya a la evidencia, se metió de lleno en la gran tarea de la Codificación Espírita, elaborando las obras básicas en función de las enseñanzas proporcionadas por, ahora ya tenía certeza, los espíritus.





Se publicaría así, en primer lugar, El Libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857, siendo considerada como punto inicial de la codificación del Espiritismo y, que aún hoy -y precisamente hoy en día- todo espiritista debería haber leído y reflexionado muchas veces pues su conocimiento evita muchas ideas y actuaciones erróneas que pueden entorpecer su desarrollo posterior.

Un año después, el 1 de abril de 1858, fundó la primera sociedad espírita con el nombre de Societé Parisienne des Etudes Spirites y, con ella, la Revista Espírita. Tres años más tarde, el 15 de enero de 1861 saldría publicado el Libro de los Médiums y ya, sucesivamente, el resto de la Codificación: El Evangelio según el Espiritismo, El Cielo y el Infierno, y La Génesis.

No nos consta la fecha en que comenzó a utilizar el nombre de Allan Kardec en vez del suyo original. Quizá lo hizo para separar las publicaciones iniciales docentes de su carrera profesional de las obras espíritas. En todo caso, se sabe que este nombre le fue intuido por su espíritu protector debido a que era el nombre que él mismo había usado en una encarnación previa en las Galias, en la época de los druidas. Así es como le conocemos hoy.

Para saber más:

- Biografía de Allan Kardec en la página de la Federación Espírita Española. Ver.
- En la Wikipedia. Ver.

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