miércoles, 21 de marzo de 2018

Mesa mediúmnica del martes 20 de marzo de 2018. Sobre el rencor y el perdón.

Todos los martes tenemos una sesión privada de mediumnidad en la Asociación de Estudios Espíritas de Madrid de asistencia restringida a los socios de la misma. La reunión tiene dos partes bueno, en realidad, tres.

Comenzamos, al igual que el resto de días, impartiendo pases energéticos a aquéllos que deseen recibirlos lo cual realizan los pasistas a sus compañeros mediante la "técnica de imposición de manos". Esto nos permite sosegarnos, tras un día de ajetreo cotidiano, y concentrarnos en el trabajo que vendrá después.

A continuación tenemos una pequeña clase de media hora aproximadamente en la que leemos, reflexionamos y comentamos algún libro propuesto. En la actualidad estamos trabajando "En los dominios de la mediumnidad", libro transcrito por el médium brasileño Francisco Cándido Xavier y dictado por el espíritu André Luiz.

Por último, tenemos propiamente la sesión de mesa mediúmnica. En esta casa se forman tres mesas compuestas por unos ocho asistentes que trabajan de dos en dos: un médium, que incorpora al espíritu de que se trate, y un "adoctrinador" o "acompañante" que asiste al médium, pregunta al espíritu, le orienta, en caso de que lo precise, o bien recoge la comunicación que desee hacer. Los adoctrinadores deben tener desarrollado cierto sentido mediúmnico, si no en el mismo sentido que los médiums -que lo son "de incorporación", sí al menos con una intuición muy desarrollada que les permita tener un sentido orientado "arriba" y otro orientado al médium con quien trabajen.

Dicho esto, voy a resumir la sesión de ayer por si a alguien le pudiera servir para su propio progreso espiritual.

En la clase estuvimos leyendo el capítulo 22 titulado "emerger del pasado" del libro arriba indicado. En él se cuenta el caso de una mujer que, habiendo entrado en trance, se le manifestaron una serie de bloqueos, ansias, temores y angustias. Narran que el equipo mediúmnico se quedó un poco sorprendido pues no constaba que esta mujer estuviera siendo atormentada u obsesada por ningún espíritu inferior. El asistente espiritual explicó que es el propio espíritu de la mujer quien se lamenta por su pasado en una reencarnación distinta. Estaríamos, por tanto, en lo que se conoce como un perfecto "animismo": el propio espíritu, en trance, manifiesta sus angustias que no puede olvidar procedentes de existencias pasadas.

Una vez comenzada la mesa mediúmnica y aprovechando que ayer nos visitaron espíritus "superiores", también llamados "de conocimiento", le pedí al espíritu que incorporó a la médium con quien estaba trabajando si, por favor, podía ampliarnos los motivos del caso que acabábamos de leer en el libro de André Luiz. Lo que me comentó lo resumiré a continuación.

Lo normal es que reencarnemos para nuestro progreso espiritual y que, con cada reencarnación, nos volvamos un poco mejores, eliminando así los errores de vidas pasadas. Sí es cierto que en cada reencarnación se aplica la "ley del olvido" que nos permite acometer cada existencia con cierto sosiego, ajenos a errores que hayamos podido cometer en el pasado. Ahora bien, excepcionalmente hay ciertas personas que traen del pasado una situación tan difícil que su espíritu es incapaz de olvidarla del todo y, puntualmente, puede emerger quitándole la paz. ¿Qué casos son esos? pregunté. Hay varias situaciones, me respondió el espíritu, pero la principal es la de ofensas que hemos recibido y no hemos sabido perdonar. Hablamos, en una palabra, del rencor.


El rencor suele ser tan intenso y encierra en sí una energía tan negativa que suele condensarse y adquirir una naturaleza tan densa que casi se aproxima a la materia. Y es así como ese rencor, denso, pesado, duro, se puede enquistar en nuestro periespíritu y lo llevamos con nosotros mismos. Es así como, en futuras reencarnaciones, ese quiste nos acompaña e, inevitablemente, sale de una manera u otra.





De ahí que la recomendación del maestro Jesús de "perdona a tus enemigos hasta setenta veces siete" (cfr. Mt 18:22) o "amad a vuestros enemigos " (cfr. Lc 6, 44) no sean unas meras frases bonitas o hermosos eslóganes sino que encierran una auténtica terapia espiritual. O evitamos el rencor o éste nos jugará muy malas pasadas, no solamente en esta existencia, sino en futuras reencarnaciones.

A continuación os dejo algún material por si deseais reflexionar sobre el perdón:

- Textos sagrados bíblicos. He encontrado esta web en la que podéis ver hasta 26 versículos relacionados con el perdón. Podéis pinchar aquí.

- Os transcribo a continuación un texto que, sobre el perdón, he encontrado en la Bhagavad Gita, el principal texto sagrado hindú:





"Los necios ofenden a los sabios con reproches injustos y maledicencia. Sin embargo, aquel que habla mal de alguien asume sobre sí el pecado. Por el contrario, el sabio, perdonando las ofensas, se libera de los pecados. (...) Hay que vencer el enojo con el perdón; al impío hay que conquistarlo con la bondad; al avaro hay que educarlo con la generosidad; y a la mentira hay que vencerla con la verdad"

- Por último, y aunque es un poco largo, permitidme que transcriba un cuento con una importante enseñanza de Buda sobre el perdón:

Estaba Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se
acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de
mayor concentración del Buda, lo insultó lo escupió y le arrojó tierra.
Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con
compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente,
atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para
darle su merecido.
Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los
discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción
diciéndole:
-“Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el
verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a
probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo
llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados
meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y
quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.
Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo
será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un
engaño de la mente esto de ver la unidad en todo”.

Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de
la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la
lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la
vergüenza interna.
A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda,
se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida.

No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me
perdone y me acepte junto a Usted”

Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: “Usted es libre de quedarse con
nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo”
El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el
maestro de la compasión, a lo que el Buda respondió:
-“Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido;
solo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es
quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel
de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse
espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo
alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio,
perdona, a aquel ignorante que le causó una herida”.

Y continuó: “No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento
superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por
usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita
perdonar.”
El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de
Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de
turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con
comprensión infinita:

-“Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que
necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en
su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted
les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo,
poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo
por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos
todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada
hubiera pasado”

Y así fue.

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