viernes, 21 de diciembre de 2018

Pruebas de la existencia y supervivencia del espíritu.

 Así es el título que lleva el siguiente tema que se nos propone en el "estudio sistemático de la doctrina espírita" y que, como siempre, voy a desarrollar a mi manera planteándolo en tres apartados:

- Lo que dice la ortodoxia espírita.
- Preguntas "incómodas" que todo espírita debería hacerse (y, por el hecho de ser "incómodas" no se hacen en los centros espíritas o, al menos en el mío, no se hacen) pero que, si queremos ser buenos espíritas, deberíamos planteárnoslas continuamente.
- Mi punto de vista personal al respecto y que no deseo inculcaros sino daros las vías para que vosotros y vosotras, queridos lectores, lleguéis al vuestro propio. Empecemos, pues.

Primera parte. Lo que dice el espiritismo sobre la existencia y supervivencia de los espíritus.

Pues, ¿qué va a decir? Dice que los espíritus existen, como individualidades inmateriales inteligentes, y que subsisten tras la muerte del cuerpo físico. Dice que, cuando no están encarnados, se hallan en un estado de erraticidad y que, según su nivel de adelanto, se hallarán en un estado más o menos armónico. Dice además que tales individualidades, inteligentes e inmateriales, son capaces de comunicarse con los encarnados y además, para el progreso espiritual se procede a una nueva reencarnación pues uno evoluciona gracias a las experiencias en el mundo material. Dicho todo a muy grosso modo. Me viene a la cabeza aquella cita de Jung de que los hombres y mujeres “no somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales viviendo una experiencia humana” y que tan bien se acomoda a la doctrina espírita.

 Bien, ¿y cuáles son los hechos que prueban esas afirmaciones? En primer lugar se nos propone hacer una reflexión metafísica, filosófica, basada en las limitaciones que la materia -nuestro simple cuerpo material- tiene para explicar nuestro ser íntegro, nuestra capacidad de trascender, de autoconsciencia y nuestras facultades superiores como la inteligencia, la razón y la moralidad. Esa reflexión seria y profunda no nos puede sino llevar a la conclusión de que en el hombre y en la mujer vive esencialmente un espíritu, es decir, un ser inmaterial y, sin embargo, real, independiente de ese cuerpo y que lo sobrevive. Y a ese ser inmaterial -nosotros, en realidad-, y sólo a él, son inherentes dichas facultades superiores de inteligencia, razón y sentido moral.

Ahora bien, como no todos somos capaces de esa reflexión metafísica, a lo largo de la historia del ser humano se le han concedido pruebas de la existencia de los espíritus mediante manifestaciones físicas y esto viene sucediendo desde la remota antigüedad hasta hoy mismo. Sí; hoy también y no hace falta ver dudosos programas de TV y "fliparnos" poniendo los ojos en blanco. No; simplemente miremos a nuestro alrededor, dejémonos interpelar, pensemos en nuestros seres queridos que se han marchado y que aún nos dan respuestas... si les hacemos preguntas con amor y si estamos dispuestos a escuchar.

Los que me seguís mediante este blog os habréis dado cuenta de que siempre aconsejo, en cuestiones de espiritismo, no quedarnos en los fenómenos y analizar las causas y sus efectos. Es cierto que, en la historia del espiritismo, los fenómenos físicos fueron necesarios para ayudarnos a despertar. Por fenómenos físicos me refiero a golpes, pasos, desplazamientos, mesas parlantes, aportes, etc. Todo eso que, en apariencia, podría impresionarnos, hoy día no tendría mayor importancia si no sacamos conclusiones muy serias que nos sirva para nuestro progreso personal. ¿Comprendéis ahora por qué los grupos de cazafantasmas y los "médiums" de péndulo y bola de cristal no nos aportan gran cosa?

Con todo, insisto, los fenómenos físicos producidos en el siglo XIX y parte del XX tuvieron su importancia ya que permitió constatar que no se producían sin más sino que estaban asociados a una inteligencia que dirigía la acción en concreto. Inteligencia que fue capaz de mostrar que las verdaderas causas son los espíritus y que, por tanto, existe la supervivencia del alma humana, que no es otra cosa que un espíritu encarnado. No fueron pocas las investigaciones realizadas para llegar a tres importantes evidencias:

1) la vida continúa más allá de la tumba (o del crematorio, añado yo);
2) las almas de aquellos que murieron en este mundo pueden venir a comunicarse;
3) es posible, así mismo, la comunicación con espíritus especialmente delegados por lo más elevado para la misión de traernos revelaciones aptas para nuestro conocimiento y progreso personal.

Y, por no alargarme demasiado, os dejo algunas lecturas complementarias sobre este tema:

- La 2ª parte del Libro de los Médiums, de Allan Kardec.
- El libro "En lo invisible", de León Denís.
- Las manifestaciones del espíritu de Katie King con el auxilio de la mediumnidad de Daniel D. Home y Florence Cook, recogido en la obra "Hechos Espíritas", de William Crookes.
- La obra "Pruebas científicas sobre la supervivencia", de Fridrick Zollner.
- "Al borde de lo etéreo", de Arthur Findaly

Segunda Parte. Nunca dar nada por supuesto. La duda siempre nos llevará al progreso.


Los que frecuentamos algún centro espírita y nos sentamos en la mesa mediúmnica corremos el riesgo de convertirnos en "coladeras" o, si lo prefieren, pecar de fideísmo, es decir, creernos sin más las cosas sin pasarlas por el tamiz de la razón. Creo que esta postura no es positiva porque ese aburguesamiento nos puede llevar a hacer mediocres trabajos y terminar teniendo una mera caricatura de lo que el verdadero espiritismo podría llegar a ser. Por eso siempre aconsejo dudar de todo; pasarlo todo por la razón siguiendo el método científico propuesto ya por Leibniz. Dudar, estudiar, probar, insistir, volver a dudar y seguir, seguir, antes de sacar conclusiones. Por eso, propongo estas "preguntas incómodas" que, quizá, por guardar ciertos "respetos humanos", no hacemos en el centro espírita pero que creo no debemos abandonar. En concreto:

- Cuando un médium realiza la incorporación de un espíritu y nos da una comunicación, ¿es realmente un espíritu o es el espíritu del propio médium (animismo)?
- El médium, ¿es sincero o nos miente para mantener su "prestigio de médium"? ¿Hay una auténtica mediumnidad o es un "paripé"?
- Pero incluso, presuponiendo la honestidad del médium, en un estado de concentración profunda, ¿es un espíritu quien nos habla o el propio médium de una forma inconsciente?
- A veces recibimos "comunicaciones superiores" pero, insisto, esas comunicaciones ¿vienen de un espíritu o no serán las facultades del médium que accedan a, por ejemplo, los registros acásicos o similares, y se limite a transmitirnoslas?

Comprendo que, en este momento, os estéis revolviendo incómodos en vuestras sillas pero, o respondéis estas preguntas por vosotros mismos o estamos perdiendo el tiempo y quizá, nuestros esfuerzos.

Os voy a contar algo. Hace unos años realicé un curso de teatro en la escuela de la directora argentina Gina Piccirilli, siguiendo un método de estudio basado en el psicodrama. Por supuesto, no hacíamos espiritismo ni nada parecido, pero os sorprenderíais de lo que cualquiera podría hablar, en un escenario, con unas condiciones adecuadas: discursos completos, de temas inverosímiles, construyendo un personaje con una personalidad absolutamente distinta de la del autor. Por ello, a los que os sentáis en la mesa mediúmnica, os digo ¡cuidado! no sea que el médium no haga mediumnidad, sino teatro; un psicodrama.

Os pongo otro ejemplo. Hace un par de semanas participamos en las prácticas de psicología de la hija de una amiga, basadas en la técnica de "constelaciones familiares". Hice el papel del hermano de otra persona a la que no conocía y con el que tenía un conflicto desde hace años. Pues bien, fue sorprendente que, sin conocer a esa persona ni a su hermano, realicé gestos, palabras y participé en situaciones fiel reflejo, al parecer, de lo que era la realidad. ¡Las posibilidades del psicodrama son impresionantes!

 Por eso, no creo que mi autocrítica sea negativa cuando, algún día, en mi centro espírita veo a 17 "médiums" ¡¡17!! parloteando a los pocos segundos de empezar, de nosequé historias de nosequé espíritus que tuvieron un accidente y, pobrecitos, llevan años entre los hierros de un coche, mientras el médium se dobla cuan "niña de la película del exorcista". Me disculparán pero...¡no me lo creo! No es normal, ni racional, ni conforme a la auténtica doctrina espírita esas "movidas". O, cuanto menos, permítanme dudar, investigar, estudiar y seguir para, quién sabe, quizá en el futuro llegar a algo bueno.

Tercera parte. Mi reflexión.

 En parte, ya la he dicho. Con todo, no deseo que nadie me malinterprete. El que sea escéptico no quiere decir que desdeñe el espiritismo; ¡para nada! De hecho, he tenido pruebas de que "algo hay" y, ya puestos, les comento mi experiencia. Cierto día iba al trabajo en autobús leyendo una obrita de filosofía de Ortega y Gasset y un párrafo en concreto no lo comprendía; era tan complicado que no entendía nada. Nadie sabía y a nadie comenté que estaba leyendo ese libro. Pues bien, esa tarde me senté a la mesa mediúmnica y pude "adoctrinar" a un espíritu elevado en lo que fue una amable conversación en medio de la cual me dijo "aprovecho para decirle que, lo que usted leía esta mañana y no comprendía, debe interpretarlo así (...)" y me lo explicó. Fue una situación en la que, sinceramente, no hubo lugar a psicodrama, ni a falsedad, ni a registros acásicos ni a constelaciones familiares. Para mí fue una prueba íntima y personal de que los espíritus existen y subsisten.

¿Entienen ahora mi planteamiento? Yo comprendo a los escépticos, entiendo la oposición que puedan poner. Por otro lado, les animo a que no se "crean por creer". Pero verán, si son honestos, que recibirán pruebas personales, íntimas, a veces de difícil explicación, de que hay algo más y de que "merece la pena estar en ésto"

Un saludo y...¡Feliz Navidad!

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