viernes, 7 de diciembre de 2018

La "cuestión de Dios" y el espiritismo.

El siguiente capítulo del "estudio sistemático de la doctrina espírita", publicado por diversas Federaciones Espíritas, y que en parte estoy siguiendo en este blog, trata sobre la cuestión de Dios. Y, ya adelanto, que no es fácil hablar de este tema pues deseo evitar caer en frases hechas y sin contenido que de una manera cansina repiten algunas webs espíritas pero que, en el fondo, no se han detenido a una reflexión profunda sobre el particular.

No voy a comenzar citando la pregunta 1 del Libro de los Espíritus de Kardec sino la número 10. Pregunta Kardec a los espíritus: El hombre, ¿puede comprender la naturaleza íntima de Dios? Y la respuesta de la alta espiritualidad es aplastante: "no; le falta un sentido".

Creo que si tuviéramos en cuenta esta respuesta nos ahorraríamos muchas de las disquisiciones, confrontaciones e incluso guerras que han acompañado a la historia del ser humano como consecuencia de las distintas opiniones que nos formamos acerca de Dios. No podemos comprender la naturaleza íntima de Dios. Y es normal. Si Dios existe, decimos de él que es eterno, infinito, inmutable, único, todopoderoso y soberanamente justo y bueno (vid. pregunta 13 del Libro de los Espíritus). Pero, ¿está capacitado el ser humano para comprender algo que es infinito, eterno, inmutable, etc.?

Parece ser que no y, por ello, usamos "conceptos" para entendernos; conceptos concretos y limitados. Pero, claro, reducir Dios a un concepto nos lleva a hacer un dios pequeñito, a nuestra imagen y conveniencia; manipulamos la imagen de Dios para nuestros fines y ambiciones. Y aqui empiezan los problemas. No en vano, decía Santa Teresa de Jesús unas palabras que nos han llegado hoy en forma de uno de esos cantos de inspiración teresiana:

"no respondas, Señor, al instante; 
no me dejes satisfecha 
en los conceptos en que quiero encerrarte". 

Y tenía toda la razón.


 Cuando en la mesa mediúmnica de nuestro centro hemos preguntado a la alta espiritualidad sobre la cuestión de Dios, la respuesta ha sido siempre invariable: "¿cómo es que nos preguntáis por Dios vosotros que hoy por la mañana no habéis sido capaces de sonreír a la vecina con quien os habéis cruzado, vosotros que habéis pasado indiferentes al lado de ese indigente de la calle, vosotros que guardáis pequeños rencores en vuestros corazones, vosotros que mentís con tanta facilidad aun por cuestiones que llamáis sociales?"

Y los espíritus tienen razón. Un ateo con valores humanistas está vibracionalmente más por encima que un religioso que tiene la palabra "Dios" en sus labios pero que tiene su corazón endurecido. Y no soy yo quien lo dice, sino el maestro Jesús: "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: este pueblo mío me honra con sus labios pero su corazón está lejos de mí" (cfr. Mt. 15, 7-9)

No quisiera que mis palabras se malinterpretaran. El espiritismo no pone en duda la existencia de Dios, de hecho, la pregunta primera del Libro de los Espíritus, está dedicada a esta cuestión: ¿Qué es Dios?, a lo que responde la alta espiritualidad "Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas" Lo que el espiritismo propone, a mi entender, es evitar un ciego fideísmo, un pietismo bobalicón, una mistificación sin razón.

Propone a continuación el Libro de los Espíritus dos clases de pruebas de la existencia de Dios. Un grupo basada en la razón; una prueba, digamos, filosófica que se asienta en la idea de que no es posible admitir un efecto sin una causa. Este argumento nos recuerda a las cinco vías de Santo Tomás sobre la existencia de Dios y que, en síntesis, concuerdan en que observamos que todo efecto tiene una causa, cada causa es efecto de otra causa y, como no es racional remontarse hasta el infinito, debemos admitir la existencia de una primera causa, a la que llamamos Dios.

El problema es que las cinco vías de Santo Tomás han quedado superadas tanto por construcciones filosóficas posteriores, como por las actuales investigaciones sobre física cuántica. Quien desee profundizar en la refutación a las cinco vías de Santo Tomás, puede hacerlo pinchando aquí. Simplemente les comento, en resumen y como crítica que, ¿y por qué no es posible remontarse al infinito? ¿y por qué debemos de considerar el tiempo como lineal y no como cícliclo? Confieso que leo, me sé de memoria y respeto las preguntas 1-9 del Libro de los Espíritus pero, sinceramente, no me convencen como pruebas.

El segundo grupo de pruebas sobre la existencia de Dios apelan al sentimiento, a la idea innata de Dios que todo hombre y mujer, en toda cultura, tienen y han tenido. Y, fíjense, esta prueba que, aparentemente es menos científica y menos metafísica, a mí me convence más. Y es que, creo, que a Dios se llega por una experiencia personal, íntima y única (y, atención, no compartible con lo demás... y por eso se dice en la Biblia que es"inefable" del latín ineffabilis, que nos lleva a pensar en "no falare", algo de lo que no se puede hablar, porque no tenemos palabras).


En fin, pienso que este post puede defraudar a muchos lectores que busquen una lectura inspiradora sobre la existencia de Dios y, de antemano, me disculpo por ello. Mi intención no es otra que hacer pensar, el de provocar una reflexión seria, el de que sean más libres y que, si llegan a la conclusión de la existencia de Dios sea por sus propios medios.

Y, por si acaso, y para compensarles, les voy a dejar algunos enlaces a artículos que, sobre este tema, serán más ortodoxos que el mío:

- ¿Cual es el concepto que tienen los Espiritista de Dios?
- La visión de Dios.
- ¿Qué es Dios?

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