miércoles, 19 de diciembre de 2018

El libre albedrío (II). Una comunicación mediúmnica.

Siendo sincero debo decir que no tenía la menor intención de escribir una segunda parte de la publicación que hice sobre la cuestión del "libre albedrío" pero resulta que, causalmente, he recibido recientemente una comunicación en la mesa mediúmnica sobre el tema que creo que puede ser interesante divulgar.

Dada la complejidad del tema de la libertad, decidí preguntar a los espíritus. Quizá esté ya todo dicho y poco tengan que añadir pero, a veces, diciendo lo mismo pero con otras palabras, se puede ver con algo más de claridad el asunto. Y así fue.

 Ante el tema de la libertad, nos dicen los espíritus que debemos tener muy claro lo que es en sí, antes de sacar conclusiones. Por eso, indican que libertad no es la mera posibilidad de elegir entre varias opciones. Eso sería una deformación del concepto de "libertad" que, por cierto, está generalizado pero que debemos tratar de evitar: nos creemos libres sencillamente porque podemos elegir y no es así.

Libertad, según la alta espiritualidad, tiene -eso es cierto- una posibilidad de elegir pero de elegir la opción buena, la mejor de todas porque, si no lo hacemos, no seremos realmente libres. Y para explicar esta aparente paradoja me dieron un ejemplo:

Supongamos una persona, en principio libre, que tiene dos opciones: a) consumir un tipo de droga o b) no consumirlo. Si nos quedáramos en el concepto de "mera capacidad de elección" cualquiera de las dos alternativas sería válida desde el punto de vista de la libertad. Ahora bien si esa persona ha elegido la opción a) y decide consumir droga no es realmente libre. ¿Por qué? Porque uno no es libre en cada momento dado sino que se trata de una opción vital que va a decidir su situación presente y futura. Recordemos que el tiempo no funciona en el plano espiritual del mismo modo que en el material, hasta llegar al extremo de Dios de quien se dice que "siempre vive en presente".

Elegir una opción moralmente mala, ya sea mala para los demás o mala para sí mismo, puede coartar nuestra libertad futura, bien porque podemos incurrir en un vicio o en una dependencia de la que será difícil salir. Parece un juego de palabras pero podríamos decir que "no eres libre porque hayas elegido tomar alcohol cada día (por no poner el ejemplo del tabaco) sino que eres esclavo porque eres incapaz de dejar de tomar alcohol cada día".

Desde este punto de vista, el "libre albedrío", que según el espiritismo tenemos, y que nos repite la alta espiritualidad continuamente a lo largo de toda la Codificación, sólamente se ejercitará cuando, ante una decisión, nos paramos a reflexionar, sopesamos pros y contras, contrastamos las cosas y adoptamos la decisión moral -o éticamente- mejor. Si, por el contrario, adoptamos una decisión mala que nos pueda perjudicar a nosotros mismos o a los demás... no seremos entonces libres. Y esa falta de libertad se va a plasmar en el karma negativo que nos echamos encima ¿recordáis la Ley de Acción y Reacción? Lo que nos llevará a tener que compensar esa mala acción mediante un trabajo o dificultad, bien en esta vida, bien en vidas futuras, si atenemos a la Ley de la Reencarnación que defiende, entre otras, la doctrína espírita.

 Disculpadme la pequeña vanidad que voy a cometer citándome a mí mismo, pero en este momento no se me ocurre otro ejemplo. Los que acudisteis a la primera conferencia que di en la Asociación (aquella con el pomposo nombre de "Verum, Pluchrum et Verum") recordaréis que comentaba casi al principio una imagen de una de mis películas favoritas "Tres colores: azul", del director polaco Krzysztof Kieslowski. Se trata de una señora anciana que, caminando encorvada, se dirige a un contenedor de reciclaje de vidrio para depositar, con gran dificultad, una botella. Creo que es una imagen para reflexionar. La mujer, dada su edad y condición física, no estaría obligada a reciclar; nadie la reprocharía que tirara una simple botella vacía en la basura "normal". Sin embargo, a pesar de todo, ella elige hacer el esfuerzo para reciclar por un bien mayor, por el bien de los demás, quizá del planeta, aunque sea un pequeño granito de arena. Demuestra ser una mujer libre, aunque el ejercicio de la libertad le cueste un gran esfuerzo.

 Me viene a la cabeza un libro que les recomiendo: "el hombre en busca de sentido", de Viktor Frankl. Imagínense un prisionero en un campo de concentración nazi viviendo todas las barbaridades imaginables. Así las cosas, lo normal sería odiar o, cuanto menos, despreciar a sus captores. Y, sin embargo, en un supremo acto de libertad, elige perdonar y, en su interior, amar a esos seres. Para los que no estamos en ese nivel, nos resulta muy difícil comprender su actitud pero me parece un gran ejemplo del concepto de libertad que la alta espiritualidad nos quiere transmitir.

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